Pan de leña: Verdades y mentiras

Pan de leña: Verdades y mentiras
18 Marzo 2013

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Estaremos de acuerdo en que uno de los grandes problemas que tiene la panadería en la actualidad es la ingente cantidad de publicidad engañosa sobre el pan que existe en el mercado. Conceptos como ‘artesano, hecho a mano, natural, tradicional’ e incluso ‘hecho a leña’, se atribuyen a productos que no tendrían que ser calificados como tal, y que en mi opinión, deberíamos denominar sucedáneos de pan. Pues bien, el clásico ‘pan de leña’ que en innumerables ocasiones vemos escrito en las bolsas de pan industrial, o en carteles de gasolineras, no siempre es un fraude, ya que todavía hay panaderos/panaderías que trabajan con este tipo de hornos, que más que un objeto, son una manera de trabajar, una filosofía.


Si sacamos nuestro lado más filosófico, diremos que la cocción es como la capa de barniz o de esmalte que traza el pintor para fijar todo el trabajo hecho durante días en su cuadro, protegiéndolo y dándole al mismo tiempo los últimos retoques de brillo y luz. Si en cambio somos más técnicos, para entender la cocción saltan a la palestra conceptos como aceleración de la fermentación, muerte de las levaduras, gelificación del almidón, coagulación de las proteínas, caramelización de la corteza, evaporación de agua y etanol, etc.

Si nos centramos en el “objeto” para llevar a cabo la cocción, el horno, veremos que a día de hoy podemos encontrar mil tipos diferentes en el mercado, que dividimos principalmente en dos grandes familias dependiendo de cómo transmiten el calor al producto: Los de convección y los de radiación. O en otras palabras, los de ‘aire’ y los de ‘suela’. En los primeros, el pan está sobre unas latas o bandejas, y le llega el calor mediante corrientes forzadas de aire claiente, mientras que en el segundo tipo, la pieza descansa sobre una suela (piedra) que le irradia el calor.


Otro factor diferenciador de un tipo u otro de horno es el combustible usado para su funcionamiento: gas, electricidad, gasóleo, biomasa, leña… ¡leña!

Primera verdad: Todo horno de leña trabaja por radiación, mediante una auténtica suela de piedra.


La leña como combustible, es decir, para generar poder calórico, no destaca especialmente, es como cualquier otro combustible, más o menos eficaz y rentable, y menos que más cómodo a nivel ‘operativo’. En cambio, la madera si destaca, y mucho, en los aspectos organolépticos que otorga al producto final, y en la filosofía del trabajo diario. Me explicaré.


Más allá de la típica afirmación de que ‘no hay nada como el pan de leña’ utilizada a menudo por nuestras abuelas, realmente existe una base sólida para afirmar que la cocción con leña nos aporta al pan un valor añadido, tanto en sabor como en aroma y flavor. Estos matices del gusto se centran en ligeros toques a regaliz en las suelas de los panes, y en toques aromáticos que encontramos en la corteza, dependiendo del tipo de leña que se utilice, y teniendo en cuenta que gran parte de estos aromas desaparecen al poco tiempo de sacar el pan del horno, a medida que se enfría la pieza.

Segunda verdad: No todos los tipos de leña son igual de buenos y nos aportarán sabores y aromas agradables al pan. El olivo, el almendro, la haya o la encina son de las de más alta calidad.


Pero, ¿todos los hornos que funcionan con leña aportarán estas propiedades gustativas/aromáticas al pan? La respuesta es no. Y es que existen dos tipos de hornos, los de fuego indirecto, y los de fuego directo. En los primeros, la cámara donde se produce la combustión de la leña no es la misma que la de cocción del pan. En otras palabras, ni la leña ni el humo están en contacto con el producto. Por el contrario, en los hornos directos, sí que tenemos en la misma cámara la combustión y la cocción, y es en este tipo de horno donde el pan retiene aromas de la leña. Para que lo entendamos gráficamente: son como los clásicos hornos de pizzería.


Tercera verdad: Sólo los hornos con fuego directo dotarán al pan de los aromas y gustos de la leña. En los de cocción indirecta no aportará nada nuevo.

El otro gran valor que en mi opinión nos aporta la madera, es el que antes he denominado como ‘filosofía del trabajo diario’, suena extraño pero es fácil de entender. Cocer con un horno de este tipo nos cambia un poco, o mucho, nuestra manera de trabajar el día a día, desde el amasado hasta la cocción, pasando por el formado o la fermentación. Los tiempos se ralentizan, y las ‘variantes ambientales’ con las cuales juega el panadero, se multiplican. Así pues, a más de factores a tener en cuenta, más destreza, experiencia y conocimiento tendrá que esgrimir el panadero para poder conseguir un excelente producto. Y siendo sinceros esto es lo que más me atrae de estos hornos, su mayor complejidad y excelencia en el producto.

Cuarta verdad: Se puede hacer un gran pan con o sin horno de leña. Y es que a pesar de ser un importantísimo valor añadido, no es ninguna garantía de calidad.

“Coca de recapte” Light

“Coca de recapte” Light
28 Enero 2013

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Ya sabéis que en ‘Cultura del Pan’ defendemos los productos sanos, naturales, nutricionalmente interesantes, y que además se puedan comprar en el mercado del pueblo.


Con una base de pan tan nuestra como es la “coca de recapte”, y añadiéndole algún retoque, nos podemos regalar una variedad de comidas de lo más sanas y que nuestro cuerpo agradecerá, seguro. A menudo lo más simple es lo más eficaz.

Hace un tiempo hablé de cómo hacer la masa para una “coca de recapte”, y hoy recuperaremos aquella fórmula pero cambiando la harina normal por una integral, para conseguir una coca más rica en fibras y con menos calorías, y reduciendo el aceite de oliva. Así pues, si queréis información más detallada sobre el amasado y la elaboración, aquí tenéis el link del post de las “cocas”.

 

Fórmula:

-500 gr Harina de Trigo Integral (a la piedra)
-10 gr de Sal
-10 gr levadura en pastilla ( o 4gr levadura seca)
-250 gr Agua
-50 gr Aceite oliva

 

-En un bol grande mezclamos primero todos los elementos sólidos de la fórmula y después añadimos poco a poco los líquidos. Tapamos con un papel film el bol con la masa dentro, y lo dejamos reposar durante 30 minutos, de forma que la propia masa se auto-hidrate y sea más fácil de amasar. Una vez hecho este reposo, con una de las manos volveremos a amasar enérgicamente la masa, hasta que esté a punto.


-Daremos una primera fermentación en bloque a la masa antes de formarla, dejándola reposar sobre el azulejo de trabajo durante una hora, tapada con film. En lugar de esta fermentación, podemos escoger dejar la masa toda la noche reposar dentro de la nevera, para que adquiera más aromas y sabores.


-Dividiremos la masa en porciones de unos 300 o 400 gr aprox. dependiendo de lo grande y gruesa que queramos hacer la “coca de recapte”. Les daremos forma de barrote y lo dejaremos fermentar, tapado, en un lugar cálido de la cocina hasta que doble su volumen. Será el momento de poner el barrote sobre la lata de horno, y de aplastarlo con las manos (o un rodillo si tenemos) hasta que consigamos una capa de masa rectangular de entre 3mm y 5mm de grueso. Ya tendremos lista la base de coca, apunta para rellenar.


Os propongo un par de ideas light para vuestra coca:

-Verduras frescas: Cortamos a lonchas finas un tomate, una cebolla, un pimiento y un calabacín, y las ponemos sobre la coca haciendo unas tiras de cada tipo de hortaliza. Lo aliñamos con un poco de aceite de oliva y un punto de sal. Si queremos ganar en gusto, cuando falten 5 minutos para acabar de cocer, le añadiremos un poco de queso rayado o de mozzarella por encima.


-Queso y pavo: Cortamos a tiras tres rebanadas finas de pavo, y las combinamos con algún queso desnatado o light. Podemos utilizar también quesos que de por si tienen menos calorías, como la Ricotta o la Mozzarella. Aliñamos con un poquito de aceite de oliva, y un punto de orégano.

Habremos precalentado el horno a alta temperatura (unos 225º), con la misma fuerza a la suela y al techo. Coceremos las cocas durante 20 minutos aproximadamente, hasta que tengan el color y la suela que nos gusta.

¡Buen (y light) provecho!

 

 

El ADN del pan: el amasado

Imagen de http://rhubarbandsamphire.blogspot.com.es
10 Enero 2013

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Podemos afirmar con certeza que el amasado es mucho más que una simple mezcla de ingredientes, pues es en este punto cuando se forma el ADN del pan. En otras palabras, un amasado incorrecto “se arrastrará” durante toda la panificación, y difícilmente obtendremos un buen producto.
Así pues, primer consejo: para amasar buscad un paréntesis en vuestro ajetreado ritmo diario, relajaos y dedicarle los cinco sentidos!

El amasado cumple en su esencia dos funciones vitales. La primera, mezclar los diferentes ingredientes creando una masa homogénea y correctamente hidratada, necesaria para el buen trabajo de los microorganismos presentes en ella (enzimas y levaduras, entre otros). La segunda función, por su parte, busca dotar a esta masa de lo que denominaremos ‘cuerpo’, una cierta consistencia provocada por la formación de la red de gluten, que nos aporta elasticidad y tenacidad a la masa. Por eso, tendremos que aplicar un cierto trabajo o fuerza a la masa, para que al hidratarse las proteínas del gluten, la “gliadina” y “glutenina”, se unan formando esta red.

Debemos tener en cuenta, eso sí, que un exceso de trabajo sobre la masa puede llegar a ser perjudicial, oxidándola e incluso llegando a pasarnos de amasado, es decir, desnaturalizar la red de gluten.


Ejercer un cierto trabajo y fuerza sobre la masa no es la única manera de dotarla de consistencia, pues con el propio reposo de esta (ya mezclada) también conseguimos, a otro nivel, una auto-hidratación de los almidones y proteínas, de lo cual resulta otro tipo diferente de amasado.

Así pues, con las dos variables, reposo y trabajo, en cada lado de la balanza, repasaremos a continuación los principales y más conocidos métodos de amasado que existen:

Amasado continuo:
Es el más utilizado, tanto a nivel profesional como casero. De una manera mecanizada (amasadores, robots de cocina, batidoras…) o manual, aplicaremos un trabajo intenso desde la mezcla de los ingredientes hasta conseguir una masa consistente con el cuerpo deseado. Cuando lo hagamos a mano, en un bol grande mezclaremos primero los ingredientes sólidos de la fórmula (harina, sal, levadura…) y posteriormente añadiremos gradualmente los líquidos (agua, aceite, leche…), mezclándolos con una de las dos manos, dejando la otra siempre libre. Una vez la masa sea ya homogénea, la volcaremos encima del azulejo y empezaremos a plegarla sobre sí misma repetidamente para conseguir el amasado.


Personalmente creo que un buen amasado continuo, es decir, trabajando lentamente la masa, es un método más que satisfactorio, muy recomendable si tenemos algún tipo de amasadora, pero no tanto si trabajamos manualmente, pues resulta muy cansado. Es ideal para masas poco hidratadas (del 50% al 60% de agua en relación a la harina), y como decíamos, en caso de utilizar una amasadora, es recomendable utilizar la marcha lenta el mayor tiempo posible, para intentar no bajar de los 10-15 minutos de amasado.
Aquí podéis ver un ejemplo:

http://youtu.be/vdzwcU2mwao

Amasado a base de reposo y pliegues (método Reinhart):
También llamado método Reinhart (gran maestro panadero americano), es un amasado muy utilizado a nivel casero, pero no tanto entre panaderos profesionales, que únicamente lo utilizan en combinación con el anterior método, el continuo. Es un sistema ideal para masas muy hidratadas (60%-90%), y se basa en intercalar el reposo de la masa ya mezclada con una serie de pliegues sobre sí misma. Al tratarse de masas muy hidratadas, en vez de enharinarse las manos y la mesa, se utiliza aceite o agua para que no se peguen.


Es un proceso ideal para conseguir unas excelentes chapatas o baguettes rústicas, el más recomendable en estos casos. Aquí tenéis un ejemplo:

http://youtu.be/1timJlCT3PM

En este apartado me permito presentaros otro tipo de amasado similar en su esencia pero con una técnica diferente. El método Bertinet (otro gran maestro panadero), que se basa también en dar pliegues a la masa (el reposo es opcional), pero con una técnica determinada, utilizando las dos manos para dar unos golpes continuos a la masa con el objetivo de plegarla sobre sí misma. Una imagen vale más que mil palabras, así que aquí un ejemplo:

http://youtu.be/PvdtUR-XTG0

 

Amasado sin amasar (No kneead bread):

En este tipo de amasado, la balanza de la que hablábamos anteriormente está totalmente decantada hacia el lado del reposo, y no se utiliza lo más mínimo la fuerza. También recomendado para masas muy hidratadas, es un método que a mi parecer es muy práctico (si dispones de tiempo), pero también, en mi opinión, deficitario en algunos casos. Es difícil conseguir la textura y el cuerpo deseados, pues sólo contamos con el reposo como única arma. Una vez mezclados los ingredientes, en el mismo bol, dejaremos la masa durante un largo periodo (entre una y cinco horas) para que ella misma se amase. En estos casos se recomienda cocer los panes en cocotte (dentro de una cazuela, tapados).

Aquí os dejo un ejemplo: http://youtu.be/13Ah9ES2yTU

Masa multiusos: coca de panadero, de vidrio, y base para pizzas

Masa multiusos: coca de panadero, de vidrio, y base para pizzas
03 Enero 2013

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Os presento una receta muy sencilla y extremadamente versátil. Con ella podréis hacer desde unas excelentes cocas de panadero o de vidrio, hasta bases de masa para vuestras pizzas o “cocas de recapte”.

Fórmula:
-500 gr Harina de Trigo blanco normal
-10 gr de Sal
-10 gr levadura en pastilla ( o 4gr levadura seca)
-200 gr Agua
-100 gr Aceite oliva


-En un bol grande, que aguantaremos con una mano, mezclamos todos los elementos sólidos de la fórmula -la harina, la sal y la levadura- con la otra mano hasta que quede una masa homogénea.

-Añadimos progresivamente los líquidos, agua y aceite, mientras vamos mezclando con la mano, con el objetivo de conseguir en un par de minutos una masa basta pero con los elementos totalmente mezclados.

-Tapamos con un papel de film el bol con la masa dentro, y lo dejamos reposar durante 30 minutos, de forma que la propia masa se auto-hidrate y sea más fácil de amasar.

-Una vez hecho este reposo, con una de las manos volveremos a amasar enérgicamente la masa, hasta que esté a punto. Para saberlo, tenemos que tener en cuenta que la consideramos amasada cuando adquiere un determinado cuerpo y consistencia, debido a la formación de la malla de gluten. Para saberlo, utilizaremos la vista, fijándonos en si la superficie de la pasta es lisa, y el tacto, presionando con un dedo y notando que no se nos rompe, y que al dejar de presionar, tiende a volver a su posición inicial.

-Daremos una primera fermentación en bloque a la masa antes de formarla, dejándola reposar sobre la mesa de trabajo durante una hora, tapada con film. En lugar de esta fermentación, podemos también dejar que la masa repose toda la noche dentro de la nevera, para que adquiera más aromas y sabores

-Dividiremos la masa en porciones de unos 100 gr aproximadamente y les daremos forma. En el caso de las cocas de panadero y de vidrio, le daremos forma de barrote y lo dejaremos fermentar, tapado y en un lugar cálido de la cocina hasta que doble su volumen. Para las de vidrio, pasados unos minutos, hay que aplanar los barrotes con la mano, de manera que cuando después de fermentar los aplastemos, nos sea más sencillo. En el caso de las bases de pizza, le daremos forma redondeada, y sólo las dejaremos fermentar un rato, el tiempo suficiente para que nos resulte sencillo aplastar y estirar dándole la clásica forma de pizza.

-Para las cocas de panadero, una vez los barrotes han doblado volumen, clavaremos con firmeza los dedos, haciendo unos hoyos pronunciados, y lo aliñaremos con un buen chorro de aceite de oliva y un puñado de azúcar muy repartido. Ya estarán a punto para cocer.



-Para las cocas de vidrio, las aplastaremos con la palma de la mano, haciendo la coca muy ancha, para conseguir una masa lo más fina posible. Las pintaremos con una glassa que habremos hecho a partir de 50gr de azúcar glass y 50gr de miel muy mezclados. Podemos poner también algunos piñones, bolitas de chocolate o dados de naranja confitada por encima. Ya estarán a punto para cocer.

-Habremos precalentado el horno a la máxima temperatura (unos 250º), con la misma fuerza a la suela y al techo. Coceremos las cocas durante 10 minutos aproximadamente, hasta que tengan el color que nos gusta.

Tanto unas como otras, inmediatamente después de salir del horno -sin que se enfríen- las rociaremos con anís: el alcohol se evaporará, y quedará ese sabor tan característico.

Pan alemán

Pan alemán
17 Diciembre 2012

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Todos sabemos que hay conceptos muy difíciles de definir en un par de frases, de encasillar en tan sólo unas cuántas palabras. Y uno de esos conceptos es la panadería alemana. Una tradición panarra tan extendida y rica como la germana, resulta un poco difícil de asociar únicamente a un tipo de pan o de cereal. Pero es cierto que, a grandes rasgos, en sus hornos artesanales encontraremos mayoritariamente panes de formatos grandes (redondos de uno o dos kilos por ejemplo), con migas oscuras, muy densas y tupidas, y rellenas de innumerables tipos de semillas. En estos panes, también, predomina el cereal rey por excelencia de la zona: el centeno.

Pero como ya hemos comentado más de una vez, en la panadería lo más importante no siempre es la fórmula del pan, sino el proceso, el trabajo de la masa, la fermentación y la cocción. Así pues, más allá de ingredientes como la malta, las semillas, el centeno, el trigo integral… relacionamos también con el pan alemán conceptos como el de largas fermentaciones, masas madre o fermentos naturales.

Empezamos a centrarnos en nuestro propósito: un pan que destacará por su carácter y que no pasará inadvertido por su presencia.


Preparación del fermento:

Para este pan podéis utilizar vuestra masa madre habitual, a pesar de que yo os recomiendo utilizar un fermento natural líquido de centeno integral y trigo. Para iniciarlo podéis echar un vistazo a este post,   y en caso de tener ya uno en funcionamiento, os recomiendo sacarlo de la nevera 4 horas antes de hacer el pan, y refrescarlo de la siguiente manera:

-100g del fermento inicial

-150g de agua caliente (35º aprox)

-75g de harina de centeno integral

-75g de harina de trigo



Preparación de la masa:

Una vez han pasado las cuatro horas, comprobamos que el fermento está a punto para ser utilizado. Si vemos que ha doblado el volumen, y que contiene bastantes burbujas ya nos podremos fiar, pero si todavía queremos estar más seguros de que nuestro fermento está ‘on fire’, cogeremos una cucharada pequeña y la pondremos en un vaso de agua. Si el fermento flota, todo ok. Si por el contrario, nos ha aumentado muy poco de volumen o no supera la prueba de flotabilidad, refrescaremos de nuevo el fermento para despertarlo algo más, repitiendo toda la operativa.

En cuanto a las semillas para rellenar el pan, siempre recomiendo que las tostemos previamente para potenciar el sabor. Para hacerlo, las mezclaremos y las extenderemos en una lata que hornearemos   a unos 190º durante 15 minutos aproximadamente, y las dejaremos enfriar.

Empezaremos a amasar los ingredientes, a mano o a máquina, incorporando primero los sólidos y después los líquidos.

-700g de harina de Trigo de alta fuerza (300-400w)

-300g de harina de Centeno integral

-18g de Sal

-2g de Levadura (opcional)

-10g de Malta tostada

-100g de semillas tostadas (sésamo, lino, amapola, pipas, avena…)

-300ml del Fermento Natural

-550ml de Agua

Una masa muy amasada es aquella que adquiere un determinado cuerpo y consistencia, debido a la formación de la malla de gluten. Para saberlo, utilizaremos la vista, fijándonos en si la superficie de la pasta es lisa, y el tacto, presionando con un dedo y notando que no se nos rompe, y que al dejar el dedo, tiende a volver a su posición inicial.


Una vez amasado dejaremos reposar la masa, dentro de un bol de plástico o vidrio, y muy tapada, durante un par de horitas para que se produzca una primera fermentación, donde se empezarán a perfilar los primeros aromas y sabores. Pasado este tiempo, dividiremos la masa en dos partes, de forma que nos saldrán un par de panes de kilo aproximadamente. Con cuidado pero con firmeza, formaremos en barrote las porciones, con una serie de pequeños pliegues sobre si mismo, con el fin de dar tensión y cuerpo a la pieza, además de la forma. Si notáis que no os ha quedado muy bien, pues lamasa está poco tensa, no os preocupáis, dejáis reposar la pieza 5 minutos y repetís la operación.

¡Todo es cuestión de práctica! Además, si queréis que la presentación sea más “esmerada” y darle un toque de vistosidad al pan, es el momento de decorar las piezas con semillas que os hayan sobrado, eso sí, sin haberlas tostado previamente.

Dejaremos reposar cada pieza en la lata de horno, muy enharinadas, y tapadas con un trapo, dentro del horno ( parado está claro) durante unas 2 horas aproximadamente, dependiendo de la temperatura de la cocina y de si hemos añadido o no levadura a la fórmula, pues esta nos acelerará el proceso (aunque, por el contrario, no obtendremos un pan con tanto carácter y fuerte gusto como si no hubiéramos añadido).



Finalmente, una vez vemos que la pieza ha aumentado un 50% su volumen aproximadamente, precalentaremos el horno hasta los 190º, y la coceremos durante unos 70 minutos a esta temperatura. En caso de que el horno no tenga la opción de hacer vapor, tendremos que poner en el interior del horno, junto al pan, un pequeño recipiente de metal con un poco de agua para crea la atmósfera más adecuada para la corteza del pan.

Una vez cocido, poco más os puedo decir de este pan antológico… ¡a disfrutarlo y buen provecho! O mejor dicho… Guten Appetit!

Pan alemán

Pan alemán
17 Diciembre 2012

Todavía no hay una traducción. En breve estará disponible.

Todos sabemos que hay conceptos muy difíciles de definir en un par de frases, de encasillar en tan sólo unas cuántas palabras. Y uno de esos conceptos es la panadería alemana. Una tradición panarra tan extendida y rica como la germana, resulta un poco difícil de asociar únicamente a un tipo de pan o de cereal. Pero es cierto que, a grandes rasgos, en sus hornos artesanales encontraremos mayoritariamente panes de formatos grandes (redondos de uno o dos kilos por ejemplo), con migas oscuras, muy densas y tupidas, y rellenas de innumerables tipos de semillas. En estos panes, también, predomina el cereal rey por excelencia de la zona: el centeno.

Pero como ya hemos comentado más de una vez, en la panadería lo más importante no siempre es la fórmula del pan, sino el proceso, el trabajo de la masa, la fermentación y la cocción. Así pues, más allá de ingredientes como la malta, las semillas, el centeno, el trigo integral… relacionamos también con el pan alemán conceptos como el de largas fermentaciones, masas madre o fermentos naturales.

Empezamos a centrarnos en nuestro propósito: un pan que destacará por su carácter y que no pasará inadvertido por su presencia.


Preparación del fermento:

Para este pan podéis utilizar vuestra masa madre habitual, a pesar de que yo os recomiendo utilizar un fermento natural líquido de centeno integral y trigo. Para iniciarlo podéis echar un vistazo a este post,   y en caso de tener ya uno en funcionamiento, os recomiendo sacarlo de la nevera 4 horas antes de hacer el pan, y refrescarlo de la siguiente manera:

-100g del fermento inicial

-150g de agua caliente (35º aprox)

-75g de harina de centeno integral

-75g de harina de trigo



Preparación de la masa:

Una vez han pasado las cuatro horas, comprobamos que el fermento está a punto para ser utilizado. Si vemos que ha doblado el volumen, y que contiene bastantes burbujas ya nos podremos fiar, pero si todavía queremos estar más seguros de que nuestro fermento está ‘on fire’, cogeremos una cucharada pequeña y la pondremos en un vaso de agua. Si el fermento flota, todo ok. Si por el contrario, nos ha aumentado muy poco de volumen o no supera la prueba de flotabilidad, refrescaremos de nuevo el fermento para despertarlo algo más, repitiendo toda la operativa.

En cuanto a las semillas para rellenar el pan, siempre recomiendo que las tostemos previamente para potenciar el sabor. Para hacerlo, las mezclaremos y las extenderemos en una lata que hornearemos   a unos 190º durante 15 minutos aproximadamente, y las dejaremos enfriar.

Empezaremos a amasar los ingredientes, a mano o a máquina, incorporando primero los sólidos y después los líquidos.

-700g de harina de Trigo de alta fuerza (300-400w)

-300g de harina de Centeno integral

-18g de Sal

-2g de Levadura (opcional)

-10g de Malta tostada

-100g de semillas tostadas (sésamo, lino, amapola, pipas, avena…)

-300ml del Fermento Natural

-550ml de Agua

Una masa muy amasada es aquella que adquiere un determinado cuerpo y consistencia, debido a la formación de la malla de gluten. Para saberlo, utilizaremos la vista, fijándonos en si la superficie de la pasta es lisa, y el tacto, presionando con un dedo y notando que no se nos rompe, y que al dejar el dedo, tiende a volver a su posición inicial.


Una vez amasado dejaremos reposar la masa, dentro de un bol de plástico o vidrio, y muy tapada, durante un par de horitas para que se produzca una primera fermentación, donde se empezarán a perfilar los primeros aromas y sabores. Pasado este tiempo, dividiremos la masa en dos partes, de forma que nos saldrán un par de panes de kilo aproximadamente. Con cuidado pero con firmeza, formaremos en barrote las porciones, con una serie de pequeños pliegues sobre si mismo, con el fin de dar tensión y cuerpo a la pieza, además de la forma. Si notáis que no os ha quedado muy bien, pues lamasa está poco tensa, no os preocupáis, dejáis reposar la pieza 5 minutos y repetís la operación.

¡Todo es cuestión de práctica! Además, si queréis que la presentación sea más “esmerada” y darle un toque de vistosidad al pan, es el momento de decorar las piezas con semillas que os hayan sobrado, eso sí, sin haberlas tostado previamente.

Dejaremos reposar cada pieza en la lata de horno, muy enharinadas, y tapadas con un trapo, dentro del horno ( parado está claro) durante unas 2 horas aproximadamente, dependiendo de la temperatura de la cocina y de si hemos añadido o no levadura a la fórmula, pues esta nos acelerará el proceso (aunque, por el contrario, no obtendremos un pan con tanto carácter y fuerte gusto como si no hubiéramos añadido).



Finalmente, una vez vemos que la pieza ha aumentado un 50% su volumen aproximadamente, precalentaremos el horno hasta los 190º, y la coceremos durante unos 70 minutos a esta temperatura. En caso de que el horno no tenga la opción de hacer vapor, tendremos que poner en el interior del horno, junto al pan, un pequeño recipiente de metal con un poco de agua para crea la atmósfera más adecuada para la corteza del pan.

Una vez cocido, poco más os puedo decir de este pan antológico… ¡a disfrutarlo y buen provecho! O mejor dicho… Guten Appetit!

Cultura del Pan se "traslada"

Cultura del Pan se "traslada"
19 Julio 2012

¡Queridos #panarras! Ha llegado el momento de anunciaros un cambio importante, un nuevo proyecto que quiero compartir con todos vosotros. ¡Cultura del Pan se "traslada"! Sí, después de unos meses con el blog algo parado, hemos cogido fuerzas y carrerrilla para dar un paso adelante. Cultura del Pan forma parte, a partir de ya, de la web de la revista CUINA.

Continuaremos hablando de fermentos, de masas madre, de hornos de leña, de... ¡de pan! Pero ahora lo haremos al lado de auténticos "cracks" como Ada ParelladaJosep Sucarrats, o Susanna     Fruto i Josep Àngel Guimerà.
Espero y deseo que continuéis aprendiendo, compartiendo, preguntando, enseñándonos todo lo que os gusta y todo lo que sabéis de nuestro tesoro, el pan. La nueva dirección de "Cultura" es: http://blogs.cuina.cat/culturadelpa/   

¡Os espero a todas y a todos! ¡Gracias #panarras!

 

 

Decálogo del buen #panarra

Decálogo del buen #panarra
02 Mayo 2012

Desde hace unos cuántos años se está extendiendo como la pólvora la que podríamos denominar como una de las epidemias más extrañas y anómalas de las últimas décadas... el #panarrarismo. A continuación te ofrecemos un pequeño decálogo que te será de gran utilidad para averiguar si sufres esta devastadora epidemia:

-Siempre que abres un pan con las manos, antes de probarlo, y después de aplastarlo ligeramente para comprobar el crujiente y la dureza, ¿lo acercas a la nariz para disfrutar del aroma?

-¿Te quejas cuando en un restaurante te sirven una especie de chicle blanquinoso y crudo al que ellos llaman pan?

-Cuando vas a comprar a una panadería, ¿consigues poner nerviosa a la vendedora a base de preguntas sobre la masa madre y los tipos de harina utilizados en ese pan?

-Una vez cocido el pan que te has hecho en casa, después de maldecir a tu viejo horno, ¿piensas en lo buen panadero que eres, y en lo envidiosos que estarían tus compañeros del ‘foro del pan’ si lo probaran?

-¿Desde hace unos meses, Punset ya no te cae tan bien?

-Al contrario que a la gran mayoría de los consumidores, ¿las palabras ‘integral’, ‘cereales’, y ‘gusto ácido’ no te horrorizan?

-¿Te indigna cuando ves a niños que en el patio de la escuela se atiborran de bollería industrial, por muchos dibujos chulos que tenga el envoltorio? ¿Y te acuerdas de sus padres?

-Cuando ves gente por la calle con una bolsa de baguette industrial en la mano, ¿tienes que reprimir unas ganas terribles de pararlos y preguntarles si realmente saben lo que están comprando?

-Siempre que compras o haces pan, ¿lo guardas tapado con un trapo de algodón y dentro de un cajón, casi con el mismo instinto de protección maternal con el que una leona vigila a sus cachorros?

-¿Cuando vas de viaje pierdes más horas buscando hornos que catedrales? ¿Y te sorprendes de la cantidad de traducciones a diferentes idiomas de la palabra ‘pan’ que conoces?

Pan de Sant Jordi

Pan de Sant Jordi
23 Abril 2012

La Rosa, el libro, los enamorados, el Santo, el Dragón… ¡y el pan! En los ’80 el Gremi de Flequers de Barcelona se inventó el “Pa de Sant Jordi” con el objetivo de que cada 23 de abril, en cualquier hogar catalán, no faltase este gran pan, que además de decorarnos la mesa nos regala el excelente sabor de un pan con carácter, con la sobrasada, el queso y las nueces como protagonistas.

Masa base:
1 kg Harina de trigo ecológica
200 g Masa Madre Natural (Refrescada 6 horas antes)
25 g Sal marina
30 g Levadura de Cerveza
450 g de Agua tibia

Masa de Sobrasada:
375g Masa base
50g Sobrasada tipo tripa ( Evitar tipo pasta)

Masa Queso
425g Masa base
70g Queso emmental (o queso de Mahón)
20g de Agua

Masa Nueces
200g Masa base
50g Nueces (troceadas)
10gr de Agua

-Mezclar los ingredientes de la masa base, a mano o a máquina, hasta conseguir una textura consistente, pero sin llegar a afinar la masa
-Dividir la masa en dos porciones de 400gr y una de 200.
-Mezclar cada porción con los ingredientes que le corresponden, hasta afinarla bien
-Dejar reposar los tres pastones durante 30 minutos, tapados con un trapo.
-Si los pastados no nos han salido muy bien, o vemos que les falta fuerza, podemos dar un pliegue y dejarlos reposar 30 minutos más.
-Estirar con un rodillo cada pastón hasta conseguir un rectángulo de masa de un centímetro de grosor. Los tres rectángulos deben tener
la misma longitud, pero dependiendo del peso variará la altura, siento el de queso el más grande.
-Solapar la pasta de sobrasada sobre la de queso, y cortarla en 4 tiras de igual anchura, quedándonos una quinta tira de queso.
-Con delicadeza, pongamos las tiras una encima de otra hasta conseguir un barrote con las cuatro barras.
-Envolvemos el barrote con la masa de nueces. Si es necesario, para cerrarla podemos mojarla con agua para que se enganche el pliegue.
-Cortamos el barrote en porciones de 3 o 4 centímetros de grosor, y las ponemos, giradas, sobre una lata con papel para hornear
-Las dejamos fermentar de 3 a 4 horas a 26º.
-Las cocemos a 210º, con poco vapor, durante 30 minutos aproximadamente.

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